
Durante la década de los 80s y principios de los 90s seguí observando que mis pacientes se relajaban y mejoraban sus síntomas al escuchar música grabada de los artistas ya comentados durante la consulta. Descubro espontáneamente, y con asombro para mí, la facilidad con la que podía ejecutar entonación y armónicos vocales. Generalmente con la música hindú que utiliza el instrumento tanpura y al combinarla con armónicos vocales emanados de mi voz, observé un efecto sedante en los pacientes ya que me ponía en empatía o en armonía con música grabada de diversos autores que utilizaban tanto el tanpura como el harmonium, dirigiéndola hacia los enfermos y notaba que ellos lograban relajación física y en algunos hasta Estados No Ordinarios de Conciencia. Estos resultados los comprobé cuando utilizaba la música de Anugama (serie Spiritual Enviroment), Nigel Charles Halfhide, Sheila Chandra y Jonathan Goldman. Estos músicos utilizan su voz haciendo entonación y/o armónicos vocales junto con el harmonium o el tanpura, los cuales provocan en el organismo humano la respuesta de relajación(=bajan las frecuencias respiratoria y cardíaca, baja la presión arterial, baja el consumo de oxígeno, relajación muscular). Cuando hacía armónicos vocales o entonación con mi voz se incrementaban dichos sobretonos y observé que el paciente se armonizaba con la música combinada con mi voz, haciéndolo sentir más tranquilo, con una sensación de bienestar y salía de la consulta llenó de tranquilidad y gozo. En algunas ocasiones me comentaban lo que les hacía sentirse mal, pero al final el resultado era de una “sensación de liberación” (como solían decirme) que les provocaba un bienestar psicofísico y con optimismo hacia la vida.

Continúe ejecutando dichas prácticas en las consultas con mis enfermos donde conjuntaba la alopatía junto con el uso de música grabada y lo combinaba en ocasiones con mi voz al hacer armónicos vocales. Posteriormente experimenté usando instrumentos tibetanos y cuencos de cuarzo con el mismo efecto. Con esta técnica manejé pacientes con cáncer logrando mayor sobrevida y el enfermo usaba menos medicamentos, ya que dichos instrumentos provocan un efecto sedante lo cual me hizo conjeturar que lograba la liberación de endorfinas.
Seguí acumulando experiencia clínica y descubro que además de los armónicos vocales, el usar instrumentos que induzcan el efecto drone como el didjeridu o el tanpura, cuencos y campanas tibetanas, o simplemente un acorde en el teclado usando octavas o quintas de manera sostenida evocaban dicho efecto de relajación. Esto se lograba ya sea usando solo los armónicos vocales o combinándolo con dichos instrumentos musicales. A partir del año 2000 descubro que la percusión africana, árabe e hindú refuerzan más el efecto de relajación, por lo que empiezo a tomar clases de percusión en estas áreas, que continúo aprendiendo hasta la actualidad.

En estas dos últimas décadas fui acumulando experiencia enriquecedora durante mis conferencias ante auditorios de clínicas y hospitales, dirigidas tanto al personal médico como a los enfermos. Llegó el momento en que los propios enfermos o mis colegas médicos me llegaron a comentar que ya no querían que hablara tanto sobre los efectos de la música sobre el cuerpo físico y me pedían que mejor tocara. De esta manera surge el grupo musical Terapeutas del Sonido Sagrado, ya que en dichas conferencias sobre musicoterapia invité a mis amigos que me habían acompañado tocando en vivo cuando manejaba pacientes con diversas enfermedades.
También acumulé experiencia al tratar a la mujer embarazada junto con el padre y al bebé por nacer con música grabada y tocando en vivo. Los resultados fueron asombrosos: estos niños son más perceptibles, más inteligentes, mayor capacidad de aprendizaje y con mayor interrelación hacia sus padres.

De esta manera me inicié en la terapia musical y fui pasando de escuchar música grabada a ser creador de sonido sanador, que continúo hasta el momento actual. El conocimiento de uno mismo continúa siendo lo más importante en mi vida.









